Residuos electrónicos, la plaga del siglo XXI. Payueta, 2017.

El volumen de residuos electrónicos que se producen a nivel mundial y la mala gestión de su reciclado ponen en peligro el medio ambiente y la salud pública. Es necesario revertir el modelo para reducir la cantidad de desechos de este tipo, ya que el sistema actual no es sostenible ni lo será en el futuro según las previsiones.

Anualmente, se generan en todo el mundo más de 40 millones de toneladas de basura electrónica. Los RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) están teniendo un crecimiento muy rápido, tres veces superior al ritmo del resto de residuos sólidos urbanos. De hecho, la cantidad de basura electrónica que se genera ya llega a los elevadísimos niveles de residuos de envases de plástico, con la diferencia de que los RAEE son mucho más peligrosos si no se tratan correctamente.

Este tipo de residuos están compuestos por varios elementos tóxicos, con el consiguiente impacto en el medio ambiente y los riesgos que suponen para la salud pública. Entre las sustancias más habituales que contienen se encuentran elementos como el cadmio, el plomo, el óxido de plomo, plata, cobre, antimonio, el níquel y el mercurio, entre otros.

Lo mejor a nivel medioambiental sería intentar reparar o reutilizar estos aparatos, evitando que se conviertan en residuos. Cuando no se pueden reaprovechar, es necesario un reciclaje que logre la recuperación de las materias primas que contienen para que éstas entren de nuevo en el ciclo de producción industrial.

Los principales residuos electrónicos que se generan son los teléfonos móviles y los ordenadores por ser los que se cambian con más asiduidad. Desde 2007, se han producido en todo el mundo más de 7,1 billones de smartphones. Los RAEE también incluyen grandes y pequeños electrodomésticos, aparatos de alumbrado, herramientas eléctricas o electrónicas, aparatos médicos, instrumentos de vigilancia y control y aparatos electrónicos de bajo consumo.

El uso de métodos nocivos para el tratamiento de aparatos eléctricos y electrónicos viene dado por la sobrecarga de basura en estos países en vías de desarrollo, principalmente en el sureste asiático y África subsahariana. Entre los métodos ilícitos que se llevan a cabo y sin ningún tipo de control para la separación de las materias primas valiosas que contienen los RAEE, destaca el llamado “reciclaje informal”, que consiste en usar productos tóxicos al aire libre (que produce una combustión abierta) y el uso del baño de ácido (meter los aparatos en ácido sulfúrico).

Diversas organizaciones ecologistas llevan años reivindicando que se vigile el cumplimiento de las normativas, mejorando la recogida y la clasificación de los RAEE, primando la reutilización sobre cualquier otro tipo de reciclaje.

Entre las soluciones para los RAEE, destaca el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU número 12, el cual indica la necesidad de “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”. Referido a los RAEE, esto supone lograr una gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, además de reducir la liberación de tóxicos a la atmósfera, el agua y el suelo para minimizar sus efectos negativos en la salud y el medio ambiente.

En este sentido, las compañías del sector tecnológico pueden convertirse en las impulsoras de un cambio de modelo, reduciendo la producción de estos aparatos, mediante economías circulares que reutilicen constantemente los materiales, realizando un uso eficiente de los recursos naturales, dando a los dispositivos una vida útil más amplia y preparándolos para la reutilización y el reciclaje, tomando medidas de prevención en la generación de residuos e incorporando en estos aparatos componentes libres de tóxicos para que no afecten al entorno.

Fuente: Futuro Sostenible