Estudian en la UNS el aislamiento y su impacto en la salud más allá de la COVID-19

Un trabajo de tres investigadoras y un investigador de la Universidad Nacional del Sur (UNS) demuestra que la falta de actividad física, la disminución de controles médicos, la dificultad en el sueño y el aumento de peso fueron algunas de las consecuencias de los aislamientos dispuestos para contener el avance del Coronavirus durante 2020.

“La hipótesis inicial era que el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) y el Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO) generaban impactos desfavorables en la atención de otras enfermedades diferentes a la COVID-19, al demorar controles médicos, aplazar tratamientos u obstaculizar el acceso a medicación necesaria. Por su parte, en relación con hábitos, si bien ambas medidas incentivaron la elaboración de comidas en el hogar, más saludables, su prolongación en el tiempo podría haber favorecido el sedentarismo, y el incremento de consumo de sustancias psicotrópicas (incluyendo el alcohol) para calmar la ansiedad del aislamiento. Con todo, la magnitud de estos efectos era, al menos, hasta octubre de 2020, desconocida”, explican las doctoras Valentina Viego, María Florencia Arnaudo y Karina Temporelli, y el doctor Fernando Lago, autores de la Encuesta Atención de la Salud y Hábitos Durante el Periodo de Restricciones para Contener la Transmisión de Covid-19 (ESALHABCOVID19)

En el lapso de 3 semanas se recolectaron respuestas válidas de 1833 participantes distribuidos en más de 100 localidades y 16 jurisdicciones del país. “Al tratarse de un cuestionario auto-reportado y distribuido masivamente por redes sociales, la muestra obtenida no necesariamente es representativa del universo poblacional. En especial, los sectores de menores recursos no se encuentran suficientemente representados. No obstante, los resultados obtenidos permiten aproximarse a las dificultades adicionales de atención de la salud y las variaciones en los hábitos de consumo de alimentos, bebidas, sustancias o realización de actividad física”, aclararon Viego, Temporelli, Arnaudo y Lago.

Respondieron 78% mujeres y 22% varones, y una mayor concentración de respuestas de individuos en la franja etaria central (30-55 años). “Más allá del desbalance esperado en adultos mayores, por su menor familiaridad con redes sociales y aplicaciones, se registra una representación satisfactoria del grupo de 66-75”, explicaron.

Concluyeron que las políticas sanitarias afectaron la realización de controles de enfermedades preexistentes, con las potenciales consecuencias negativas que pueden ocasionar la falta de seguimiento de las enfermedades crónicas. “Estos problemas también alcanzaron a las mujeres que cursaron un embarazo durante el periodo de restricciones e incluso a los encuestados que estaban realizando tratamientos de fertilidad”, indicaron los investigadores.

Fuente: UNS